domingo, 31 de enero de 2010

FLASH

Apareció así, sin más. A medida que subía a la línea del metro, ella descendía. Por un instante, nuestros cuerpos se rozaron y mis ojos toparon con los suyos.

Hubiera querido saludarla, preguntarle cómo se llamaba, a qué se dedicaba, su número de teléfono, dónde había estado toda mi vida. Pero no sucedió así. Apareció y se alejó rápidamente, como huyendo de un destino que no hubiera podido ser más perfecto.

Mientras las puertas del vagón se cerraban, apoyé una mano en el cristal y volví a contemplarla. Sería la última vez que nos viésemos, lo sabía. Allí la tenía, a escasos metros, con su media melena oscura, su sonrisa radiante, sus menudas manos y mi corazón entre ellas.

Un ronquido, un traqueteo y el tren despegó de las vías para seguir rodando y cumplir con su cometido. Alguien debió advertir al maquinista que parte de mí se quedaba en el andén.

Adiós, susurré para mis adentros. Ella se convirtió en un punto oscuro emborronado por la lejanía y mi pesar. Pronto en un deseo frustrado. A la noche, en un motivo para no dormir.

jueves, 21 de enero de 2010

REFUGIO



Malherido, alcancé mi casa y sólo el sonido de la puerta cerrándose a mi espalda me concedió un instante de sosiego. Aún con la mano sobre la cerradura, temiendo que se abriera para enfrentarme con el rostro de la Luz Muerta, hice acopio de fuerzas para no llorar de cansancio, de tristeza, de pesar, de desilusión. Cuanto menos, lo había intentado. Pude caminar bajo la luz del Sol, respirar el aire libre, encontrarme con rostros que creí amigos y sentir cómo la Vida me rodeaba...
Hasta que, repentinamente, sin más, apareció la Luz Muerta y me lo arrancó todo. Apenas pude sobrevivir y sólo un milagro que no necesitaba ni quería me permitió llegar hasta allí, a salvo de todos de mí mismo.
Ni en el vestíbulo me sentí a salvo. Aún no era suficiente. Arrastré mis lágrimas por el pasillo para internarme en mi habitación, acurrucándome al pie de una ventana cuya persiana estaba casi bajada del todo. Sólo un resquicio de luz, como una línea blanca, me cruzaba el rostro, matándome lentamente y haciéndome recordar:
Que más allá de las paredes de mi escondrijo aún no era de noche, que aún no habían muerto todos los sueños y que yo siempre sería un maldito y un paria del mundo.

lunes, 11 de enero de 2010

VIAJE EN TREN


El tren continuaba su marcha. Con el suave y rítmico ajetreo, ligeros temblores y mirada al frente, el tren recorría el paisaje que le rodeaba dejando flashes por la ventanilla que daban testimonio de la ristra de postes de luz y teléfono que se perdían en el atrás y el ayer.
En su asiento, Amelle mantenía la vista clavaba en la ventanilla. El viento quedaba al otro lado del cristal; y las nubes; y las casas esparcidas aquí y allá; y la paciencia, la cautela, la sensatez y la calma, porque el tren avanzaba, no se detenía y, desde luego, Amelle, por nada del mundo, querría que se detuviese.
Su corazón estaba frenético. Era un motor acompasado con la maquinaria del tren, un latir incesante que ascendía un nudo de canguelo y nervios hasta incrustarse en la garganta de la muchacha que por momentos se echaba a reír y por momentos se quedaba inmóvil en su asiento, casi congelada.
Llevaba una blusa oscura y un pantalón a juego, prietos a su piel hasta temer que la asfixiaran. ¿Por qué tardaría tanto el tren en llegar a su destino?, se preguntaba a veces. Claro que, instante después, se arrepentía y consultaba el horario de trenes para saber cuándo partía el de regreso a casa.
Iba y venía; se levantaba y se sentaba; revolvía su bolso y lo dejaba de nuevo; miraba la ventana, el asiento delantero, el techo, las manos, los pies… ¡Qué locura!

jueves, 7 de enero de 2010

EL CÍRCULO DE PETER PAN


Artículo publicado en Best of Marvel Essentials: Hulk, El regreso del Monstruo. Editorial Panini.
¿Con qué soñará Bruce Banner?
Robert Bruce Banner nació y creció bajo la marca de la perdición. Su infancia fue dura, cruel e injusta, juzgado continuamente por la mirada acusadora de su padre, convencido de que aquel niño portaba en su interior la impronta del monstruo.
Brian Banner, brillante físico, sentiría en sus carnes la presión atroz del trabajo que le impulsaría a desahogarse con la bebida. Embebido con el alcohol, sufriría un accidente con una maquinaria que sirvió de espoleta para su particular delirio, el convencimiento de que había quedado estéril en el mejor de los casos. En el peor, cualquier hijo suyo nacería deforme, mutado. Pero Bruce no parecía mostrar síntoma o anormalidad alguna. Más aún, en sus primeros años, su inteligencia se acentuaría hasta hacerle sobresalir frente los demás niños. Para aquel hombre obsesivo, aquello no era sino la confirmación de lo que siempre supo.

8º CONCURSO DE RELATO CORTO Y FOTOGRAFÍA EL COLOQUIO DE LOS PERROS


BASES CONCURSO DE RELATO CORTO
- Modalidad literaria y tema. Relatos cortos que se adapten al lema «Música, maestro». Los textos obligatoriamente deben tener algún nexo de unión con una canción, melodía, álbum, autor o intérprete existente. Se valorarán la originalidad y singularidad de los trabajos recibidos.
- Participantes. Podrán concurrir a esta convocatoria escritores sin límite de edad, de cualquier nacionalidad, con obra u obras originales escritas en castellano y no premiadas en otros certámenes. Los autores que presenten más de una obra deberán cumplir de forma independiente y separada para cada uno de sus trabajos las formalidades que estas bases establecen. No podrán participar los miembros de la directiva de la Asociación Cultural «El coloquio de los perros», así como las personas integrantes del jurado.

miércoles, 6 de enero de 2010

LA MIRADA SUCIA (0)


Por ahora, nadie me seguía.
Me costaba grandes esfuerzos apartar la mirada del espejo retrovisor de mi coche, comprobando, siempre con el alma en vilo, que la carretera que dejaba a mis espaldas siguiese tan desierta como segundos antes.
Tenía los nervios a flor de piel y me removía inquieto en mi asiento, siempre tenso, siempre expectante. Tras comprobar, otra vez más, que seguía a salvo y libre de ellos, pude observar en la imagen reflejada el triste estado en el que me encontraba. Apenas era un recuerdo de mí mismo. Me costó reconocerme.
Bajo la mata de pelo enmarañado y sucio, mis ojos aparecían enrojecidos por las lágrimas y mi boca temblaba presa de un tic nervioso del que no me había percatado. Me forcé a cerrar la boca apretando los dientes. Estaba asustado, cierto, pero la rabia y el odio más encarnizados seguían acumulados dentro de mí sin mediar una forma de salir a la luz para liberarme de aquella presión. Mi único alivio fue cambiar de marcha y apretar al máximo el acelerador. Seguían sin perseguirme, pero quería desahogarme con aquella sensación de libertad a través de un motor recién reparado que rugía en el atardecer de una carretera nacional, una de tantas que dividía grandes campos de cereales que, con la luz menguada, casi extinta, no eran sino gigantescos parches rectangulares que se alternaban en tonos ocres y marrones hasta perderse en el horizonte.

lunes, 4 de enero de 2010

SUPERHÉROES


Soy un superhéroe.
Hace muchos años un accidente de laboratorio me dotaron de poderes sobrehumanos que me llevaron a la indudable decisión de dedicarme, en cuerpo y alma, a combatir el Mal allí donde acechase. Pero tal vez es que pertenezco a una milenaria raza de hombres hasta ahora ocultos a los ojos de la Humanidad. O quizás proceda de un mundo ya destruido, el último hijo de aquel planeta que, por azar del destino, fui adoptado por una familia de terrícolas inculcándome valores de justicia. También puedo ser un millonario con múltiples recursos financieros y una fuerza de voluntad de hierro. O un mutante nacido con extraordinarias habilidades. O un extraterrestre metamorfo. O un androide de estrambótica apariencia.
Soy todos ellos o ninguno pero, ante todo, soy un superhéroe. Vivo en un mundo de cuatricomías donde el Bien es el Bien y el Mal es siempre el Mal. Soy ese héroe que jamás falla; que defiende los valores tradicionales, de intachable conducta y puro corazón; que desconoce las dudas o el miedo; amado por una novia eterna tan acostumbrada a ver su vida en peligro como a mi rescate oportuno en el último instante; odiado por su archienemigo, un ridículo y triste personaje que suele dar largas peroratas pregonando la habilidad de sus planes para dominar el mundo o sus artimañas para acabar conmigo; el aguerrido y atractivo hombre cuyos puños describen sonoras onomatopeyas y se despide de sus agradecidos conciudadanos con aplausos, las llaves de la ciudad y la mirada soñadora de la chica enamorada que jamás logrará llevarme al altar y se contenta con verme marcharme por el horizonte para refugiarme en mi guarida secreta.
Soy un superhéroe.

HOY


Hoy he despertado sin ti
Hoy me he levantado sin sonreír.
De nuevo he recordado la dulzura de tus palabras,
La mirada azul,
La alegría que me vaticinaba nuestro porvenir.
¿Acaso fue un sueño?.
¿Acaso te imaginé?.
Fruto de la soledad, de la tristeza, de un ayer del color de la ceniza,
Aquí me tienes, mañana, para verme caminar, para verme comer, para verme morir.
Porque hoy no la veré, hoy no la sonreiré y hoy sólo podré llorarla.
Me dicen que me reponga, me dicen que lo supere.
Pero decir es sencillo y hablar es barato.
Y la vida, por si nadie te lo ha revelado aún, no es sino acercarse a la noche.

REGRESO


Regresé angustiado a mi calle; que era más gris y estrecha de lo que recordaba.
Abrí el oxidado cerrojo del portal; cuyo chirrido me reprendió por mi larga ausencia sin excusa.
Subí las gastadas escaleras peldaño a peldaño; adentrándome así en el corazón de mi infancia amargada.
Crucé el umbral de mi casa; y la madera magullada me recordó los innumerables portazos con los que me despedía.
Me arrastré por el largo pasillo; por el que apenas cabía mi ánimo.
Empujé, temblándome piernas y manos, la puerta del dormitorio de mis padres; llorándoles porque ya no estaban para reprenderme una vez más.